Muy a menudo los fotógrafos usamos nuestras cámaras como pequeños escudos, nos movemos protegiéndonos absurdamente tras ellas como un niño se protege de los monstruos cubriéndose con la manta; y realmente es una sensación muy intensa cuando descubres que en verdad no eres tú el que observa y que de hecho tu cámara ha sido atravesada por la mirada de otros.

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